Publicado el Jueves, 17 de mayo de 2012

Conocer el tipo de piel que tenemos, es el primer paso para decidir que productos cosméticos utilizar para su cuidado.
Todos sabemos que la piel es el órgano de mayor tamaño que tenemos, pero pocas veces nos paramos a pensar cuales son las funciones que cumple en nuestro organismo. Pues bien, la piel actúa como una barrera frente a los microorganismos y sustancias químicas presentes en la contaminación ambiental, regula la temperatura corporal, manteniéndola a 37
grados, y evitando una pérdida excesiva de agua, además de informar de posibles enfermedades que se manifiestan a través de la piel, como es el caso de la ictericia.
La importancia de estas funciones nos debe llevar a conocer nuestra piel, para cuidarla, tratarla, prevenir posibles enfermedades y conseguir un aspecto radiante en cualquier época del año.
La piel consta de tres capas, la epidermis, la más superficial, muy rica en queratina y de 0,1 mm de espesor, la dermis, la capa intermedia, donde se encuentran los vasos sanguíneos y receptores nerviosos, y la hipodermis, la más profunda, donde se encuentran las células que almacenan la grasa y regulan la temperatura corporal. Tenemos que ser conscientes de que los productos cosméticos actúan principalmente sobre la epidermis, y en muy pocas ocasiones los principios activos consiguen llegar hasta la dermis.
Según el nivel de hidratación y de grasa, podemos distinguir tres tipos generales de piel; piel normal, piel seca y piel grasa, pero dentro de cada uno de ellos, podemos encontrar a su vez variaciones importantes que nos van a condicionar a la hora de elegir los tratamientos más adecuados. En los próximos números iremos analizando en profundidad cada tipo de piel y que tratamientos son los más adecuados para cada una de ellas.

Publicado en El Pregonero de Uceda Nº 9 de Mayo del 2012

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